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Contra la gastritis (y otras dolencias)

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Comentario de Parashat Koraj, por el seminarista Dr. Gabriel Pristzker, de la Kehilá de Córdoba, Argentina

 

Aprendemos en Pirkei Avot (4, 28): “La envidia, la codicia y el afán de gloria destruyen la vida del hombre”. Estos “atributos” señalados, lamentablemente, son muy comunes y generalizados, sus mecanismos psicológicos son complejos y tenemos que agradecerles la ruina de porciones enteras de nuestra felicidad y pobreza de vida.

Del libro “Virtudes Capitales” tomamos prestadas estas reflexiones: “Cuando envidiamos o codiciamos revelamos insatisfacción personal, frustración y un sentido de vida intrascendente. Es sabido hasta qué punto la envidia puede llevar al individuo a reacciones que lo “carcomen” por dentro y lo destruyen, de manera tal que cada éxito del otro se experimenta como una disminución de sí mismo. Y por eso nuestros sabios nos advierten que, quien desee vivir de verdad, debe evitar estas trampas que conspiran contra la realización personal y la integración al medio comunitario y social en general.

Solo tres casos para tener presente:

Caín, pecó por envidia, al envidiar a su hermano Abel cuya ofrenda había sido aceptada por Dios, mientras que la suya fue rechazada.

La generación del diluvio pecó por codicia y corrupción generalizada por toda la tierra y la generación de la Torre de Babel pecó por afán de gloria cuando dijeron: “Hagámonos un nombre”.

¿Cuál fue el final de cada uno de ellos? Caín pasó el resto de sus días como errante; la generación del diluvio fue borrada de la faz de la tierra, mientras que la generación de la Torre de Babel fue dispersada por todo el mundo.

Por eso, al final de este recordatorio, una cita del Talmud: “todo el que lleva envidia en su corazón corroe sus huesos” (Tratado de Shabat)”.

Koraj, personaje que da nombre a la parashá de esta semana, reúne en su psique las tres distorsiones que venimos tratando, intenta desde ahí un planificado y sutil complot contra el liderazgo de Moshé y su hermano Aarón, falla y…se lo traga la tierra.

Corrosión del ser interior, abismos que se abren bajo nuestros pies que nos tragan socialmente, embarran nuestros vínculos, nos hacen desaparecer de entre nuestros afectos. ¿No será hora ya de recordar, de repasar, de reconsiderar el hecho de que podemos ser existencialmente ricos agudizando la vista en aquello que ya hemos logrado, aceptando nuestras limitaciones y poniendo perspectiva respecto de lo que no tenemos?

¡Shabat Shalom!
Seminarista Dr. Gabriel Pristzker
Kehilá de Córdoba, Argentina