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Bendiciones en pareja

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Comentario de Parashat Nasó, por el rabino Marcelo Polakoff, de la Kehilá de Córdoba, Argentina


יְבָרֶכְךָ יְהוָה, וְיִשְׁמְרֶךָ
יָאֵר יְהוָה פָּנָיו אֵלֶיךָ, וִיחֻנֶּךָּ
יִשָּׂא יְהוָה פָּנָיו אֵלֶיךָ, וְיָשֵׂם לְךָ שָׁלוֹם

IEVAREJEJA ADONAI VEISHMEREJA
IAER ADONAI PANAV ELEJA VEIJUNEKA
ISA ADONAI PAVAV ELEJA VEIASEM LEJA SHALOM

QUE DIOS TE BENDIGA Y TE PROTEJA.
QUE DIOS ILUMINE SU ROSTRO SOBRE TI Y TE AGRACIE.
QUE DIOS DIRIJA SU ROSTRO HACIA TI Y PONGA EN TI PAZ.

Es probablemente la bendición más conocida del pueblo judío. Y hasta el momento el texto mas antiguo de la Torá que los arqueólogos han encontrado (en dos rollitos de plata datados cuatro siglos antes de los Rollos del Mar Muerto).

Se la denomina en hebreo “Birkat Kohanim”, “Bendición Sacerdotal” y aparece en esta porción de la Torá, en el sexto capítulo de Bamidbar, del Libro de Números.

Claramente está dividida en tres secciones, y en cada una de ellas se integran armónicamente dos conceptos, algo que tal vez no es fácil distinguir a primera vista. Lo descubrí gracias a las enseñanzas del rabino Nilton Bonder, y me resulta fascinante.

¿Cómo comienza su texto? Pidiendo a Dios sencillamente una bendición, y su correspondiente protección. A lo largo de siglos esta primera parte del texto ha sido interpretada por nuestros sabios, nuestros jajamim, como una bendición vinculada a lo material, específicamente a los bienes materiales, a la riqueza. La clave radica en que si el Creador te bendice con ella, inexorablemente se requiere a su lado de cuidado, y probablemente en un doble sentido. Porque se precisa que esos bienes sean bien custodiados, pero a la vez que la actitud de su poseedor sea cuidadosa para con sus posesiones. Porque, reconozcámoslo sin eufemismos, tener fortuna y no cuidarla perdiéndose la posibilidad de asistir a otros a través de la tzedaká es -a la larga- un infortunio.

El segundo punto de la bendición alude, a través de la iluminación, al saber. No en vano llamamos “iluminados” a aquellos que poseen conocimiento, desarrollo intelectual. Pero éste también necesita ser complementado, y aquí se trata de que Dios te agracie, haciendo que esa inteligencia pueda utilizarse con “jen”, con “gracia”, con “misericordia”. Hemos sido testigos y víctimas de cómo se ha ligado perversamente la maldad con la razón. Justamente por ello, la bendición sacerdotal aspira a un ser humano iluminado, pero fundamentalmente bueno.

Por último, el amor. ¿O no se trata acaso de ello la idea que sustenta el “dirigir el rostro” hacia otro, el prestarle suma atención? Ahora bien, el amor per se no garantiza nada, ya que mal orientado puede ser llegar una invasión, una intrusión permanente y desmedida, incluso un agobio. De aquí que requiera su par que no es otro que SHALOM. Porque el amor que hace bien, el que complementa y contiene, es el que otorga paz, bienestar, completud, todos sinónimos de Shalom.

Birkatkohanim, la bendición sacerdotal.
Una brajá preciosa, que como muchas, se disfruta mejor en pareja.

Shabat Shalom!
Rabino Marcelo Polakoff
Kehilá de Córdoba, Argentina