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Januca

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LUCES QUE DAN VIDA

Janucá se festeja a partir del 25 de kislev (diciembre) y recuerda la reinauguración del Templo de Jerusalén, recuperado luego de la profanación por los invasores helénicos. Esta alegre celebración se expresa centralmente en el encendido de luminarias en forma gradual, diariamente, durante ocho días. Los judíos -sin dejar de trabajar- dedicamos cada anochecer unos minutos al encendido de las luminarias, acompañando la ceremonia con berajot y cantos tradicionales.

Dice una parábola jasídica que toda la oscuridad del mundo no puede oscurecer la luminosidad de una vela.

 

Significado

Januca recuerda la histórica victoria de los macabeos, y la posterior restauración o re-inauguración de los servicios religiosos en el templo de Jerusalén, hecho ocurrido hace sólo dos mil ciento sesenta y cinco años.

¿Qué es Januca? Literalmente significa “inauguración”, “consagración” y recuerda la histórica victoria de los macabeos contra el terrible rey pagano greco-sirio Antíoco Epífanes, quien quería imponer sus costumbres politeístas. Los invasores fueron expulsados y se produjo la re-inauguración de los servicios del gran Templo de Jerusalén. Fue un triunfo que reinstaló la soberanía política y religiosa sobre la tierra de Israel. Posiblemente se trate de la primera lucha para obtener la libertad religiosa que registra la historia. Simbólicamente la palabra januca tiene las mismas consonantes que la palabra hebrea jinuj (educación), yquizás quiera indicarnos que la resistencia a la opresión debe ser transmitida a través de la enseñanza a las nuevas generaciones.

Dice Micahel Strassfeld que la “luz da de sí misma libremente, llenado todo el espacio disponible. No busca nada a cambio, no pregunta si eres amigo o enemigo. Da de sí misma y no por eso se disminuye”. La luz de la janukia ilumina todos los espacios disponibles. El candelabro no solo contiene luz, se convierten en una fuente de luz para los que desean percibirla.

Januca también ha recibido varios nombres referidos a las luminarias, son ellos: Jag Ha’Urim (fiesta de las luces), Jag Ha’Orot (con significado similar al anterior) o Jag Ha’Nerot (fiesta de la velas). Una de las valoraciones centrales de la festividad es la luz. Dice la tradición judaica que “un haz de luz tiene el poder de disipar una enorme oscuridad”. Tanto es así que, si recordamos los sucesos del Génesis, la primera creación después de los cielos y la tierra fue la luz. Asimismo, en la visión profética la luz adquiere un carácter idealizado; de este modo, el profeta Isaías señala que en los tiempos por venir “la luz de la luna será como la luz del sol y la luz del sol septuplicada como la luz de siete días” (Isaías XXX, 26). Y de acuerdo con la Cábala hebrea, el hombre guarda en sí una chispa de luz divina.

Los ocho brazos (más uno auxiliar) del candelabro utilizado en la festividad recuerdan -al llamado por la tradición- el milagro de Januca. El aceite del gran Templo que debía durar un solo día alcanzó para ocho días.

También se la ha llamado a la festividad: Jag Ha’Macabim, por la victoria que obtuvieron los macabeos en la lucha contra los greco-sirios.

Un mensaje muy vigente de la festividad, es el de obligarnos a revisar nuestra relación con la cultura en que nos hallamos inmersos. Así lo plantea Blu Greenberg: la pregunta es cómo compatibilizar nuestro particularismo con nuestro universalismo. La tensión entre lo particular y lo universal está siempre presente. En las sociedades modernas es muy fácil el asimilarse y perder todo particularismo. El milagro de la supervivencia del pueblo judío fue sobreponerse a la adversidad y nutrirse continuamente para la supervivencia como judíos.

 

Origen

En el lenguaje del Libro de los Macabeos (no incluido en la Biblia hebrea) ocurrió que el día veinticinco del mes de Kislev... “fue inaugurado el altar, con cánticos, cítaras, liras, címbalos... hubo grandísima alegría en el pueblo”. Iehuda Ha–Macabi, de acuerdo con sus hermanos y toda la asamblea de Israel, decidió que cada año, a su debido tiempo y durante ocho días, a contar del veinticinco del mes de Kislev, “se celebrará con alborozo y regocijo el aniversario de la Dedicación del altar” (Libro I, Cap. IV, 52 a 59).

Entonces ocurrió lo que la tradición ha calificado como el milagro de Januca: el aceite que sólo alcanzaba para un día ardió durante ocho días, dando origen a la costumbre de encender las velas del candelabro día tras día, gradualmente, hasta alcanzar las ocho velas el octavo día. Una de las llamas se denomina Shamash y se utiliza como servidora, para que el toque de su luz despierte a la vida al resto de ellas.

Es así como el símbolo de la Januca es el candelabro (de ocho velas, más la adicional o servidora), que en el sueño del profeta Zacarías (Capítulo IV) representa según los ángeles la total armonía, la concordia, “no con la fuerza ni con el poder, sino por mi espíritu”. El Estado de Israel adoptó como escudo presidencial el candelabro de esta visión de Zacarías, de siete brazos.

 

Costumbres

El ritual de Januca es muy reducido: además del encendido de velas al anochecer de cada día, una de las llamas, conocida como shamash, se utiliza como servidora, para que el toque de su llama despierte a la vida a las demás. En Europa oriental se incorporó una canción del siglo XIII escrita por un tal Mordejay (cuyo nombre figura en acróstico), llamada Maoz Tzur (“Fortaleza, Roca, es mi Salvador). Otra costumbre sencilla es la de jugar con una perinola (en hebreo: sevivon) cuyas letras recuerdan el citado milagro. En la lectura diaria de la Amida se agrega un párrafo dedicado al milagro (el párrafo comienza con Al Anisim).

Resaltan en esta festividad el carácter familiar, los regalos para los más pequeños, la obligación de mostrar el símbolo de la festividad en lugar visible para que los demás lo puedan ver y por sobre todos los detalles la importancia otorgada al elemento “luz”. Debe tenerse en cuenta que estas festividades tuvieron su origen en el Hemisferio Norte donde las noches en ésta época son las más largas del año y la luz adquiere un significado difícil de valorar en nuestras latitudes y en la era actual de la lámpara eléctrica.

En esta festividad, es central la ceremonia de encendido de las velas.

 

Gastronomía

Las comidas típicas de esta festividad son levivot, pasteles fritos de papa rallada y también sufganiot, bolas de masa fritas, que contienen un relleno de jalea dulce o mermelada.

 

Frituras de Nueces con Papas (origen Turquía)

INGREDIENTES

· 3 papas cocidas

· 1,1/2 taza de nueces picadas

· 3 huevos

· aceite para freír

· sal y pimienta a gusto

 

PREPARACIÓN

Mezclar bien las papas con las nueces, la sal y pimienta. Formar albóndigas ovaladas y chatas, luego freirlas en aceite bien caliente hasta que se doren por ambos lados. Servir caliente.

 

Latkes de papas

INGREDIENTES

. 6  Papas medianas peladas

. 1 cebolla chica

. 2 huevos ligeramente batidos

. 3 cucharadas de harina

. 1 cucharadita de sal

. 1/4 de cucharadita de pimienta

. 1/2 de cucharadita de polvo de hornear

 

PREPARACIÓN

Se rallan las papas, escurriéndolas del exceso del líquido y se las mezcla bien con el resto de los ingredientes. Se echan cucharadas en aceite caliente y se doran los latkes de ambos lados. Se sirven espolvoreados con azúcar.

 

Buñuelos - Sufganiot

INGREDIENTES

. 2 Huevos

. 1 Taza de yogur casero

. 2 Cucharadas de azúcar

. 1 Cucharadita de esencia de vainilla.

. 1 Pizca de sal

. 350 gr. de harina leudante

 

PREPARACIÓN

Mezclar todos los ingredientes. Vertir cucharadas de la masa en aceite bien caliente y freir hasta que se doren. Espolvorear con azúcar impalpable o cubrir con mermelada a su gusto.