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DETRÁS DE LOS MONUMENTOS

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Compartimos el artículo publicado por nuestro rabino Marcelo Polakoff en la edición del 10 de abril de 2019 del períodico “La Voz del Interior”

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Se puede aplicar a cualquier caso. Es pertinente, por ejemplo, respecto del puente inaugurado ayer en memoria de José Manuel de la Sota, o del cine teatro “Monumental Sierras” reinaugurado anoche en Alta Gracia. La cuestión es revisar qué significa la palabra “monumento”.

Una sencilla búsqueda etimológica nos llevará de inmediato al latín monere que tiene como significado en aquella lengua la triple idea de “recordar”, “mostrar” y “advertir”. Claramente podemos identificar tales sentidos en “monitorear” o “premonición”, e incluso en “demo(n)strar”.

Pero si vamos un poco más atrás en la historia del lenguaje, parece ser que recordando el hebreo se puede mostrar un origen aún mucho más antiguo, y a la vez se puede advertir en esa raíz hebraica compuesta por las consonantes M y N el nudo gramatical de muchísimas palabras plenamente familiares.

Digámoslo ya: esas letras tienen que ver con “contar”; tienen que ver con números y cálculos.

En el libro del Génesis (13:16), el Creador le dice a Abraham: “Haré que tu descendencia sea como el polvo de la tierra. Si hay quien pueda contarlo, entonces también tu descendencia podrá ser contada”. En este añejo versículo, tanto el infinitivo hebreo “contar” como la palabra “contada” se pronuncian con esa raíz de las letras M y N. Por eso, no es raro que hoy mismo en Jerusalén, cuatro mil años después de Abraham, si uno se sube a un taxi el chofer le pregunte si quiere acordar el precio o prefiere que ponga el “MoNé”, o sea el reloj taxímetro, que por supuesto calculará el costo del viaje… ¿De dónde, si no, vendrán los vocablos “MeNos” y “MaNy”? ¿De dónde, acaso, provendrán “MoNeda” y “MoNey”?

Nada casual, entonces, que en griego “MeNe” sea la Luna (MooN en inglés), porque a través de ella se calculaba el “MeNsis” (“mes” en latín, llegado al inglés como “MoNth”).

El único ser capaz de calcular, de “NoMinar” (de la misma raíz pero aliterada, es decir con las consonantes cambiadas de orden) es obviamente el ser humano, el “MaN”, quien tiene “MeNte”, el que puede desarrollar su MNesis siempre que no tenga aMNesia, aquel que domina el arte de “MeNsurar”, pero también el arte de “coMeNtar”, algo que va más allá de lo NuMérico.

No hay duda: cada MoNumento cuenta.

 

Por: Marcelo Polakoff

Fuente original:
La Voz del Interior: Detrás de los monumentos

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