EL CONOCIMIENTO Y EL PROGRESO DESDE LA HUMILDAD

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Karina Ambasch Yaniv, Prof. y Dra. en Biología, Jefa del Laboratorio Vascular del Weizmann Institute of Israel, recibió numerosos premios y reconocimientos a nivel mundial por los logros y avances obtenidos en su carrera de investigación. Esta semana nos visitó, pasó por nuestra comunidad y escuela, y por supuesto, conversó con nosotros para transmitirnos una parte de sus ideas, la realidad de la ciencia en la actualidad, y las claves para su trabajo, entre las que destaca permanentemente la humildad y la atención hacia el otro. ¡Compartimos esta entrevista exclusiva!

¿Cómo describirías o resumirías tu carrera luego de tu Aliá?

“Terminé la secundaria, hice un año de medicina en Córdoba, y después decidí irme a Israel. Estuve 1 año en un kibutz, trabajando en los campos de algodón, y allí entré a la carrera de química; estudié en la Universidad Hebrea de Jerusalém, después empecé biología, y finalmente, terminé ambas carreras. Allí mismo hice mi “Master en Química Biológica”, y para hacer el Doctorado me pasé a un campo de la ciencia que se llama “Biología del desarrollo”, que se ocupa del desarrollo embrionario. Hice el Doctorado también en la Universidad Hebrea de Jerusalem. Unos años más tarde, me fui a Estados Unidos, al Instituto Nacional de la Salud, en Washington D.C., y estuve 5 años viviendo allí, mientras hacía mi Post-Doctorado; ahí comencé a relacionarme con el tema de “Biología Vascular”, y hace 8 años regresé a Israel, al Instituto Weizmann, como Investigadora Principal. Ahora, recientemente, hace 3 meses, recibí mi promoción a un cargo de Profesora Asociada y con posición permanente en el Weizmann.”

¿En qué fase de la investigación está actualmente tu laboratorio?

“Nos enfocamos en el tema de Biología Vascular, que es tratar de aprender cómo se desarrollan los vasos sanguíneos, linfáticos, en un embrión, y tratar de aplicar ese conocimiento para el desarrollo y regeneración de tejidos. La idea es que, de acá a un futuro, nosotros prevemos que la medicina pasará de ser curativa a regenerativa, se va a enfocar en la regeneración de tejidos, generación de tejidos para trasplantes, y en la generación de tejidos que ni siquiera necesiten de una operación, es decir, tratar de que los tejidos en el Ser Humano puedan regenerase solos, luego de ser dañados.”

¿Cómo recordás tu vida en Córdoba, tu paso por el Colegio Israelita? ¿Qué te quedó de esa época?

“La escuela me dio, sobre todo, una gran base afectiva. Mis amigos de toda la vida siguen siendo mis amigos de la primaria, de la secundaria, que de hecho ahora se cumplen 30 años del egreso de mi promoción, y estuvimos en contacto, estamos muy felices de habernos reencontrado. Creo que esa es la base más importante, son raíces afectivas a las cuales uno siempre se remite para afrontar todos los momentos de la vida. La época en que pasé por el colegio fue muy conflictiva, en el marco de la Dictadura Militar y su paso hacia la Democracia; creo que el colegio nos proveyó un marco de seguridad muy acogedor, tanto que no sentíamos las cosas que pasaban afuera, estábamos como en una burbuja, pero eso era muy importante, ya que éramos muy chicos, adolescentes. Yo rescato un ambiente de mucho cariño y apoyo, de mucha fraternidad entre docentes y alumnos, y esos son elementos que uno lleva consigo para toda la vida.”

¿Por qué elegiste la ciencia como la vocación de tu vida, sobre todo esta rama que se orienta hacia el desarrollo de la salud, y qué considerás importante en torno a este trabajo?

“La ciencia me gustó desde siempre, pero también tiene otro componente: yo no soy religiosa, pero siempre digo que la ciencia es mi manera de hacer religión y de hacer buenas acciones. Un científico que se dedica a estar todo el día buscando curas, remedios, soluciones, cada uno en su ámbito, a la larga está haciendo mucho por la humanidad. Es mi manera de devolver algo al mundo; uno de los slogans del Weizmann es “Ciencia para el beneficio de la humanidad”; cuando hacemos ciencia, lo hacemos independientemente de nuestras creencias, de la religión, de nuestros pensamientos, lo hacemos para el beneficio de todos. Y por otro lado, lo que considero mucho más importante, es que a la ciencia hay que hacerla con humildad, y con vocación, si no, no sirve; no se puede hacer ciencia por dinero, ni por interés, ni por beneficio propio, la pasión y el interés deben estar en poder contribuir al mundo. En tercer lugar, y hablando específicamente de Israel, creo que es muy importante darle al mundo otro mensaje desde nuestro Estado, y que no sea conocido sólo por las cuestiones políticas, o el conflicto árabe-israelí, sino que Israel, el Weizmann, son potencias científicas mundiales, y ese también es un mensaje para el mundo, todos deben saber que Israel es mucho más que una zona bélica, es una potencia en ciencia que está trayendo muchas soluciones a problemas actuales universales.”

¿Qué virtudes tiene el Instituto Weizmann, o Israel en sí mismo, para la ciencia?

“Destaco que siempre pensamos, como yo digo, antes. Pensamos con 20 años de anterioridad lo que va a suceder. Tenemos que saber cuál será el problema con el que vamos a enfrentarnos dentro de 2 décadas, para comenzar a investigar sus soluciones ahora. Tiene que ver con esta gran creencia judía en la educación y en el conocimiento; esto es la base, un país sin ciencia, sin educación, es un país que no avanza. Y los avances son a largo plazo siempre, no son de hoy para mañana. Esa es la visión israelí, y la del Weizmann: hoy me doy cuenta de que habrá una necesidad mañana. Hace 20 años nos dimos cuenta de que hoy a los chicos no les iba a gustar la ciencia tal como estaba planteada, y que el avance tecnológico iba a hacer que nos perdiéramos el interés de esos niños por la ciencia, entonces hace 2 décadas, por ejemplo, el Weizmann estableció el Instituto Davidson, que es la rama destinada específicamente a la educación, y genera programas de ciencias para niños a través de redes y aplicaciones para las tecnologías actuales. Pero, repito, eso comenzó a planearse hace 20 años, y por eso hoy está dando sus frutos. Así es como funcionan las cosas en Israel, en todos los aspectos. Se identifica un problema, pero no sólo pensando en lo actual, sino en el futuro: el agua, la falta de terrenos para siembra, de espacios para edificación, etc., son inconvenientes que se detectan, y ya se trabajan para el mañana, no para el hoy. La segunda premisa es que el conocimiento es poder, y a la larga, saber más implica estar un paso más adelante; y para saber más, el único camino es estudiar; como en toda casa judía, como en gran parte de nuestra tradición, en Israel los estudios son sagrados.”

¿Cómo te sentís con este desafío de tener que hablar para jóvenes, como es el caso de tu charla en el Colegio Israelita?

“Yo, particularmente, creo mucho en los jóvenes. Ellos se interesan en lo que les resulta interesante; tienen sus maneras, lógicamente, y no son las mismas que teníamos nosotros, ni compartimos códigos o plataformas similares, pero no es que se interesen menos. La cuestión es llegar a ellos, y para eso, debemos adaptarnos nosotros a sus formas, para no quedar obsoletos. El desafío es simplificar el mensaje, pero no en el sentido de hablarles como a niñitos, sino volverlo accesible a los códigos de ellos. La misma charla que yo doy hoy en la escuela, puedo darla para un público adulto, para un grupo de profesionales y científicos, y tiene los mismos contenidos, sólo cambia la forma. Las preguntas básicas de la ciencia son las mismas que nos hacemos todos, tengamos 3, 20, 40 o 70 años, sólo que van cambiando los códigos de comprensión y entendimiento. Nosotros mismos como científicos, no comprendemos ciertos procesos y nos seguimos haciendo preguntas. Cuando se transmiten conocimientos, no venimos a enseñar, yo no quiero enseñarles mi teoría, venimos a mostrar algo desde un lugar de humildad, yo vengo a mostrar cuáles son las preguntas que nos hacemos hoy los científicos, y eso a los chicos siempre les interesa.”

¿Qué sentís hoy, al volver 30 años después a la escuela, pero esta vez con otro rol y función?

“Es muy emocionante. Yo siempre cuento que cuando yo cursaba en la secundaria, tuve la oportunidad de asistir, en el Salón del Centro Unión, a la charla de un profesor cordobés que trabajaba en el Weizmann también, una eminencia en cáncer, que hoy ya murió, y su nombre era Nathan Trainin. Recuerdo que, cuando terminó la charla, yo había quedado fascinada, no podía entender cómo alguien desde Córdoba podía haber llegado a esa posición tan importante, y ubicarse en un alto estrato de la ciencia a nivel mundial. Entonces me acerqué a él después, y le pregunté cómo había hecho; recuerdo que fue muy honesto y simple, y me dijo: “Lo único que hay que hacer para llegar a estos lugares, es quererlo.” Y desde allí, esa frase me quedó para siempre en la memoria. Hoy, mirándolo, entiendo lo que me dijo en ese momento; realmente, lo único que hace falta para hacer bien lo que a uno le apasiona, es realmente quererlo; y quererlo implica esforzarse, las cosas no vienen con facilidad. Ese es mi mensaje de hoy para los chicos, y para mí, es muy emocionante poder demostrarles que se puede; nuestra escuela es excelente, y no hay ninguna razón para que los chicos no lleguen a lo que quieran llegar. Lo importante es que cada uno defina dónde quiere llegar, establecer sus metas, y las posibilidades que nos da la escuela son muchas, muy grandes y muy importantes, hay un sistema que está a cargo de hacer posible que estos chicos cumplan sus sueños, pero el esfuerzo tiene que provenir desde ellos.”

Por último, ¿Qué mensaje dejarías para la Kehilá de Córdoba?

“Creo que una de las grandes cualidades en una persona, para su realización personal, en cualquier carrera o ámbito, es la humildad. Cuando no la tenemos, nos puede afectar mucho en nuestras posibilidades de adquirir conocimientos, educación, de aprender. Yo siempre les digo a mis hijos, a mis estudiantes, que tenemos que escuchar más y hablar menos, debemos intentar aprender de todo lugar al que vamos, no importa la edad que tengamos. Siempre hay algo nuevo que podemos llevarnos de cualquier lugar. Si vamos con esa humildad, podemos llegar muy lejos; cuando uno escucha al otro, nos enriquecemos. Para eso, hay que dejar de lado muchas cosas: un ego, una necesidad de figurar, la presión de las redes sociales que todo el tiempo nos empujan a aparecer o a decir cosas; no siempre hay que decir lo que pensamos, también es importante aprender a escuchar lo que dice el otro, y ver cómo reaccionamos. Ese es mi mensaje: es muy importante para una comunidad, para una escuela, aprender, estudiar y escuchar a los demás, que intentar aparecer y mostrar quiénes somos.”

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