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HABIA UNA VEZ UNA EMBAJADA

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Comentario a parashat “pekudei” por el rabino marcelo polakoff

La espada llega al mundo por la dilación de la justicia y por la perversión de la justicia. Así dice el talmud,

Antes del próximo Shabat, el jueves 17 de marzo, conmemoraremos los 24 años del atentado a la embajada de Israel en buenos aires, un hecho atroz que estrenó para la región el terrorismo fundamentalista.

A esa semejante cantidad de años, es evidente que hay dilación de la justicia.

Y con las idas y vueltas en todos estos años de la corte suprema de justicia, que teóricamente investiga ese asesinato masivo, también se puede hablar de perversión en la justicia. El caso del fiscal Nisman, y otros tantos, la potencian.

La espada llega porque la dilación y la perversión, además producen impunidad. Solo así se dio lugar a que exploten la amia, o a que maten a tanta gente, incluso a un fiscal de la nación.

Con el espectáculo de jueces como algunos que no vale la pena ni siquiera nombrar, ya sabemos en qué manos estamos.

Un juez no solo debe serlo, sino también parecerlo.

En esta parasha “Pekudei”, se nos relata que moshe, una vez finalizada la construcción del mishkan, con todo el movimiento que eso trajo en cuanto a las donaciones del pueblo en oro, plata y cobre, pide que se haga una especie de cómputos (Pekudim, de donde deriva el nombre de la parasha) para que se vea en que fue utilizado hasta el último gramo de bronce.

Moshe, el líder por antonomasia, el que hablaba “panim el panim” (cara a cara) con dios, el gran juez del pueblo judío, hace un control de lo que paso por sus manos, aun cuando nadie pudiera sospechar de él.

Muchos de nuestros sabios manifiestan que nadie le pidió a moshe que rindiera cuentas. Lo hizo para que todo quede claro, ante los ojos del pueblo.

Igual que muchos de nuestros jueces, que no solo ni lo aparentan, sino que tampoco tienen la pasta para serlo…

¿Qué hacemos con este panorama desalentador?

Como ciudadanos tenemos derecho al voto, pero eso es cada muy en tanto, y por ahora no designamos a los jueces.

Nos queda el derecho de peticionar, de reclamar. Y de seguir buscando, como dice la tora: “tzedek tzedek tirdof”. Que haya justicia, y que a ella se arribe a través de medios justos.

¡Shabat Shalom!

Rabino Marcelo Polakoff

Kehilá de Córdoba, Argentina

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