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Ser un hombre de fe

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Comentario de Parashat Noaj, por el rabino Pablo Gabe, de la Kehilá de Córdoba, Argentina

Por lo general, estamos acostumbrados a ver en nuestros héroes bíblicos, grandes proezas y enormes manifestaciones de fe. Quizás los más representativos, sean Abraham y Moshé. Al primero se le pide que abandone su lugar de nacimiento, la casa de sus padres, y que se dirija al lugar que Dios le iba a indicar. Luego, que entregue en ofrenda a su hijo Itzjak, tan buscado y tan amados por sus padres. Al segundo, se le pide que enfrente al poderoso faraón, y también, que pueda convencer al mismo pueblo de Israel, para lograr su liberación. Ambos personajes aceptan los retos frente a los cuales son puestos. Y en ambos casos, triunfan. Abraham acepta abandonar su casa y ofrendar a su hijo (como sabemos, esto último fue detenido). Moshé, se convierte en el libertador del pueblo de Israel.

En la lectura de la Torá de este Shabat, encontramos un comportamiento un tanto diferente a los anteriores. Noaj recibe la orden de Dios de construir el arca, para salvarse del diluvio que Dios iba a provocar. Noaj cumple con todas las órdenes que Dios le formula: Se le pide que construya el arca, y él cumple. Se le pide que coloque cierta cantidad de parejas de animales por cada especie y también cumple. Se le exige que coloque a su familia en el arca, y sin dudar lleva a cabo la orden divina. Sin embargo, cuando Dios le pide que ingrese porque iba a comenzar el diluvio, Noaj no ingresa sino antes de observar por sí mismo el comienzo del diluvio. La última orden no fue cumplida con tanta obediencia como las anteriores. Noaj no dudó en construir ni en hacer todo aquello que Dios había ordenado. De alguna manera, no creyó totalmente en la palabra de Dios.

¿Qué sucedió aquí? ¿Acaso Noaj dudaba de la palabra divina? Realmente no lo sabemos. Pero es destacable, que en el comienzo de la Parashá, Noaj nos es presentado como una persona justa en sus generaciones.

Noaj tiene esta cosa de ser un personaje llamativo. Por un lado, salvó a parte de la humanidad. Pero por el otro, no se enfrentó con Dios como para evitar esta destrucción. Y al mismo tiempo, obedece en todo lo que hace, pero tiene que comprobar por sí mismo el inicio de las lluvias, para recién ahí, entrar al arca y refugiarse. Parecería interesante destacar que se puede llegar a ser una buena y justa persona, sin necesidad de ser poseedor de una fe absoluta. Sin embargo, la entrega de cada uno es el grado por el cual somos recordados en un futuro. Noaj, un hombre justo (únicamente) en su tiempo, será recordado de esa manera.

¡Shabat Shalom!
Rabino Pablo Gabe
Kehilá de Córdoba, Argentina

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