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UNA VIDA REPLETA DE EXPERIENCIAS

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Es uno de los reconocidos Ex Presidentes del Centro Unión Israelita. Encabezó la Mesa Directiva en la década del 80 y tuvo grandes desafíos por delante. Además, presidió otras instituciones, y le tocó hacerlo durante épocas muy delicadas de nuestro país, incluso en medio de la última Dictadura Militar. Esta vez, tuvimos la oportunidad de conversar con él, y que pueda transmitirnos sus sensaciones, algunos de sus recuerdos, y la emoción que le genera haber sido parte del histórico proceso de la Kehilá de Córdoba. ¡Aquí presentamos al Dr. Arnoldo Lamisovsky!

Nos encontramos en una de las habitaciones personales de su hogar, y antes de comenzar con la charla, el Dr. Lamisovsky nos cuenta: “En esta habitación tengo guardadas cosas que pueden resumir toda mi vida, fotografías, cuadros, frases, diplomas, que marcaron mi historia”. De pronto, nos señala una imagen fotográfica, y nos dice: “Como por ejemplo, esa de allí. Es una de las más importantes…”

¿De qué se trata esa foto?

“Estoy junto a Itzjak Rabin, cuando vino a Córdoba. Yo en ese entonces ocupaba una de las presidencias de la DAIA, recuerdo que hasta lo fui a buscar al aeropuerto, era de noche, también estábamos en una época invernal, y cuando salió el auto del aeropuerto, Rabin me dice: ¿Dónde vive el criminal Menendez? Y yo señalo justo con el dedo hacia La Calera. Varios hechos en varias pocas palabras puntuales me dieron la idea de que estaba en frente de un comandante de la Guerra de los 6 días. Es un hecho muy anecdótico, pero importante.”


¿Cómo resumirías esas instancias en las instituciones judías de Córdoba?

“Mi vida activa en la comunidad duró aproximadamente 22 años, empecé a mis 34 años (otros empiezan más jóvenes): comencé con la presidencia de OSA, en el año 1970 más o menos, y después, por indicación de Nicolas Goldberg, que habló con el presidente de la DAIA central, Nehemías Resnizky, ocupo la Presidencia de la DAIA en Córdoba desde 1972 a 1982, con mi primer gestión, que fue grande, una década. Luego, presido el Banco Israelita entre 1983 y 1984, y después me encuentro en la presidencia del Centro Unión Israelita desde 1985 a 1987. Volví a DAIA en 1988, y estuve hasta fines de 1992, donde renuncié para dedicarme a la salud de mi difunta esposa. Puedo identificar hechos puntuales, algunos nunca los conté, que resumirían aquellos años.”

¿Los podrías sintetizar en esta charla?

“Recuerdo claramente, en esos años de dictadura, cuando muchos chicos nuestros fueron considerados guerrilleros; yo siempre vi cómo en la comunidad rendimos homenaje a aquellos que fallecieron, y es muy importante, pero tan importante como eso, es recordar a tantos que logramos salvar en esa época. Yo estoy muy feliz por los salvados, a algunos incluso los veo en la actualidad, hoy ya son hombres, padres, cuidan de sus hijos, muchos están en Israel.”

¿Era muy difícil trabajar en esa época?

“Si, incluso no contábamos con los procedimientos tecnológicos de la actualidad. Era desde teléfonos fijos, cartas. En esa época funcionaba Hebraica, allí se reunían muchos de los jóvenes; se quemaron muchos libros, muchas bibliotecas, para poder salvar a tantos de esa generación; eran muchos chicos llenos de sueños por los que teníamos que luchar. Nos marcó mucho esa parte de la historia.”

Volvamos a esos hechos puntuales que mencionaste antes, y que nunca habías relatado…

“Un día, como Presidente de la DAIA, me llamó el Juez Rodríguez Villafañe. Me vino a ver, y en una charla de una tarde me pidió que lo acompañe a buscar a un nazi a Huerta Grande. Resultó ser Joseph Schwammberger, uno de los 5 nazis más buscados de la historia. Llegamos, tocamos a su puerta, salió un señor anciano, nos presentamos con el juez, y le comunicamos que veníamos a llevarlo. Después, fue extraditado, juzgado y murió en Alemania. Recuerdo cuando pedimos la liberación de Jaime Pompas, uno de los presos durante el período de Menendez, con quien me tuve que sentar cara a cara para solicitarlo; negó que lo tuvieran, y después, en uno de sus períodos de vacaciones, Pompas salió en libertad. Estamos hablando de un período muy complicado para la DAIA, no era como hoy.»

Tuviste participación en muchas esferas de la política, ¿Recordás hechos de esa parte de tu vida?

“Fue luego de mi segunda presidencia en la DAIA, siempre me interesó el plano político desde mi juventud, desde el lado de la discusión, del inconformismo. Acepté formar parte de la Cámara de Diputados por el Partido Justicialista. Esto quizás no fue bien visto por la comunidad, ya que estaba renunciando a mis cargos en las instituciones para dedicarme a eso. Recuerdo que, previo a eso, cuando yo aún estaba en la DAIA, surgió la interna peronista entre Menem y Cafiero, y apareció en los diarios un titular que decía “Los judíos le tienen miedo a Menem”. En ese entonces, yo era asistente de la peña política “El Ombú”, y vino el encargado de esa peña, y me comunicó que Menem quería reunirse con el Presidente de la DAIA de Córdoba, que era yo. Estaba por venir a Córdoba para presentarse políticamente, y organicé el encuentro en el Círculo Sefaradí. Preparé una mesita petisa con 4 tacitas de café de cada lado, nosotros fuimos 4; Menem llegó con 14 personas. Es una persona muy persuasiva para hablar, nos presentamos y me dijo: “yo no soy antijudío ni antisemita, ¿Cómo yo le voy a tener rabia a los judíos?” Y le dije: “Vea, los judíos no le tenemos miedo a Menem, pero el justicialismo tiene alas tan amplias de derecha a izquierda, que desconfiamos de algunos de esos espacios”. Me miró y me dijo: “quédese tranquilo, yo le voy a cortar las alas a esos”. Terminó el encuentro y se fue. Fueron hechos que me marcaron. Recuerdo también que participé, enviado por la cámara de diputados, en un congreso muy interesante sobre terrorismo, realizado en la Kneset, en Israel.”

¿Y en tu paso por el Centro Unión Israelita? ¿Cuáles son tus mayores recuerdos?

“Llegué al Centro Unión por pedido de mis compañeros de aquel entonces, que veían que era difícil encontrar a un Presidente para la Kehilá, en esa época no era fácil ni había muchos candidatos. Sí había muchos jóvenes que querían ocupar esos cargos, y entonces los de nuestra generación, para no perder lugar, optaron por mí; pero preví esta situación con la juventud, y entonces incluí en mi comisión a Rudy Eiben, que luego también fue Presidente del Centro Unión, me sucedió en el cargo. Logramos estabilizar las cuentas, que siempre fueron un dolor de cabeza, sobre todo en aquel entonces. Me ayudó mucho el haber sido Presidente del Banco Israelita. Trabajamos mucho para el edificio del Colegio Secundario, cuando estaba en la calle Alvear junto al Templo. Recuerdo que los chicos no tenían un patio para recreos, y salían a distraerse en la azotea; le pedí plata a Eduardo Halac, que fue mi sucesor como Presidente del Banco, y con eso alambramos todo ese espacio; hasta el día de hoy se puede observar cómo sigue alambrado. Construimos la primera garita para el guardia de seguridad, en aquel entonces la ubicamos sobre el lado izquierdo, hoy está a la derecha. Pusimos la piedra fundacional del actual colegio de la calle Duarte Quirós. Además, como hecho relevante, en esa época no teníamos rabino, y con la llegada de Felipe Yafe, comenzamos a construir una educación religiosa de la línea Masortí, que continúa hasta la actualidad. Previo a eso, no teníamos una línea definida.”

¿A qué desafíos te tuviste que enfrentar?

“La cuestión económica fue muy difícil de manejar. En aquella época, los miembros de la Kehilá no estaban acostumbrados a aportar; hoy, los integrantes de la Kehilá aprendieron a poner su dinero, logramos exitosamente una re-educación cultural con respecto a esto, pero antes los aportes eran realizados por las entidades financieras, como el Banco Israelita, la Cooperativa Ituzaingó o la Cooperativa del Centro, que eran las 3 principales de la comunidad. Recuerdo que en mi paso por la DAIA, me enteré que las cooperativas manejaban “mesas de dinero”. Reuní a 6 personas de DAIA, en lo que llamé la “Mesa de los 6”, y creé este apéndice del organismo para supervisar estos movimientos financieros, no fue una intervención, sino más bien hacer saber a los gerentes que estábamos allí atentos a lo que pasara.»

¿Cómo ves la actualidad de la Kehilá de Córdoba?

“Creo que todos los judíos debemos estar dentro de las comunidades, sea ortodoxa, conservadora o reformista. Que estén donde quieran, pero que estén adentro. Evidentemente, hoy tenemos un colegio muy organizado y los resultados están a la vista. No comparto lo que dicen esos agoreros, cuando afirman que, porque aceptamos matrimonios mixtos, por ejemplo, estamos fomentando la asimilación o tendemos a desaparecer; yo les contesto que en absoluto es así. Son integrantes que vamos ganando para nosotros; no se puede ser cerrado y desconocer matrimonios que se unen y deciden participar de nuestro shil, de nuestro colegio, educar a sus hijos en nuestro establecimiento. A mi criterio, estamos ganando, y no perdiendo. La existencia de nuestro colegio, el desarrollo que logró Marcelo Polakoff dentro del COMIPAZ, me permiten asegurar que estamos integrándonos, sin perder nuestra identidad, a la vida social.»

¿Qué mensaje dejarías para los miembros de nuestra Kehilá?

«En primer lugar, creo que es muy sana la manera en que está manejada nuestra comunidad, nuestro colegio, y la cuestión religiosa a través de nuestro rabino y el área de culto. Tenemos que respetar todas las posiciones dentro del judaísmo, y reafirmo nuevamente que debemos estar. Cada judío, que esté donde esté, pero que esté dentro de las instituciones organizadas de la Kehilá. Algo que recomiendo y me gustaría mucho, es que se sigan realizando las transiciones y renovaciones generacionales para quienes encabezan los espacios directivos de las instituciones. Si sólo pretendemos que los viejos azkanim sigan dirigiendo, luego los jóvenes que no hayan tenido inserción, se van a encontrar con que las entidades tienen que volver a estudiar manuales para poder llevar a cabo sus acciones. Mantengamos buenas relaciones con todos los sectores nacionales, como se está haciendo, y con un fuerte apoyo desde el sionismo.”

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