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VIVIENDO EN BABEL

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Compartimos el artículo publicado por nuestro rabino Marcelo Polakoff en la edición del martes 27 de octubre de 2020 del períodico «La Voz del Interior»

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Quizá, sin habernos dado cuenta, estemos viviendo en Babel. Aquel pequeño, fantástico y mítico relato del 11º capítulo del Génesis bíblico cobra en estos días una realidad inusitada en nuestro país.

La historia de aquella descomunal torre y de la ciudad que la contenía es bastante intrincada. Y suele presentarse como el modelo legendario para explicar el origen de los idiomas. Cierto. Pero no menos cierto es que detrás (o debajo) de esa torre hay más vetas por descubrir.

La causa del enojo divino que motiva la dispersión de las gentes y el nacimiento de las distintas lenguas no es fácilmente distinguible. Por ello, el “midrash”, la hermenéutica judía, va a intentar justificarlo a partir de otras historias adosadas al mito principal.

Una de ellas es magistral. Postula que en la construcción del edificio más alto del mundo solía haber accidentes a diario. Y que cuando una persona se caía y moría, la cosa seguía como si nada; pero si lo que caía era un ladrillo o una herramienta, se escuchaban llantos de congoja por parte de todos los implicados en la obra.

La vida valía menos que un ladrillo.

Los episodios de los distintos linchamientos, junto a los casos de gatillo fácil que venimos presenciando, evidencian que el valor intrínseco y sagrado de la vida está en caída libre. Y es aquí cuando los mecanismos que las mismas sociedades nos fuimos dando, muchos de ellos derivados de las diversas tradiciones religiosas, deben ponerse en alerta máxima.

Tenemos demasiadas plagas, amén del coronavirus, pero no podemos darnos el lujo de hacerle lugar a la anomia. El imperio de la ley es tal vez el contenido más básico del pacto social que nos conforma como nación. Y la justicia que de ese pacto emana debe ser aplicada sólo por el Poder Judicial. La justicia que supuestamente se hace por mano propia no es justicia. Tampoco lo es la que supuestamente se hace por mano policial.

En un versículo de ese relato, Dios se asusta de los seres humanos diciendo: “Ahora nada de lo que se propongan se les impedirá”. Tal vez allí radique el quid de la cuestión. No todo lo que nos brota debe realizarse. Precisamos frenos, diques, conciencia. En estos casos, detenerse es avanzar.

 

Rabino Marcelo Polakoff

Fuente: La Voz del Interior

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