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De piedras, iglesias y hermanos

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Comentario de Parashat Vaishlaj, por el rabino Marcelo Polakoff, de la Kehilá de Córdoba, Argentina

Se cuenta que en 1938, en los días previos a la Noche de los Cristales Rotos, unos estudiantes rabínicos del Seminario Teológico de Berlín estaban sentados en el patio del Seminario, cuando una pandilla antisemita pasó por el lugar y comenzó a arrojarles piedras.

El clima en la Alemania de aquellos días era sombrío y los jóvenes estudiantes permanecieron por largo rato sentados sobre el césped cabizbajos, desorientados y en silencio.

El Profesor y Rabino  Leo Baeck, que por entonces era una de las figuras más prominentes del judaísmo alemán se acercó a sus alumnos, tomó una de las piedras arrojadas sobre ellos y les dijo: «Cuando sean rabinos, ustedes tendrán el mandato moral de transformar estas piedras de odio en piedras fundacionales de nueva vida judía».

“Even Maasu HaBonim Aita Leerosh Piná”. La piedra desechada, fue piedra fundamental – leemos en los salmos.

La semana pasada recordamos junto a la Benei Brit en la Iglesia de los Capuchinos, en un clima de hermandad y respeto entre cristianos y judíos, , los 75 años de la Kristallnacht, aquel doloroso suceso que fue el preludio de la Shoá. A tal punto quedó evidenciada la fraternidad que el Padre Sauro cerró la recordación cantando en un perfecto hebreo “Hine Ma Tov Uma Naim…”, otro salmo que dice “qué bueno y agradable es que los hermanos se sienten juntos”.

Días después, en la Catedral de Buenos Aires, el mismo acto tuvo otro marco, esta vez empañado por un pequeño grupo de fanáticos católicos que por supuesto no representan ni la doctrina ni el pensamiento de la mayoría del mundo cristiano.

Y ambos hechos se dan mientras releemos en la Torá el relato del nacimiento de Biniamín, el más pequeño de los 12 hijos de Iaakov, amén de su hija Dina, con lo que se completa el clan. Y seremos nuevamente partícipes de los primeros desencuentros entre los hermanos, que finalmente en las próximas semanas terminarán con la venta (y casi asesinato) de Iosef.

Parece ser que la pedagogía de nuestro texto sagrado, también acariciado por cristianos y musulmanes, todavía no ha conseguido tener éxito. Mientras sigamos leyendo acerca de hermanos que llenan sus manos de sangre con la sangre de otros hermanos, y no seamos partícipes necesarios de la erradicación de semejantes barbaridades, nuestra lectura será solamente eso: una lectura.

Ahora bien, cuando en todas las religiones luchemos denodadamente por aislar a los extremistas para poder sentarnos como hermanos y percibir, como el salmista, la bondad y la maravilla que en ello reside, los relatos de la Torá entonces cobrarán vida en nosotros y podremos llamar a sus palabras “Torat Jaim”, “una enseñanza vital”.

Shabat Shalom!
Rabino Marcelo Polakoff
Kehilá de Córdoba, Argentina

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