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Salir de Egipto: Un judaísmo sin fronteras

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Por el rabino Pablo Gabe.
Hace años, un profesor en el Seminario Rabínico nos hizo una pregunta que, al menos a mí, me siguió dando vueltas en la cabeza por mucho tiempo. Nos preguntó: “¿Dónde es que nos vemos trabajando o desarrollando nuestra tarea, en diez años?”. Si bien pude pronunciar alguna respuesta, fue más lo que me quedé pensando, incluso hasta el día de hoy, que lo satisfecho de mi contestación. A partir de ese momento, comencé a construir lo que se conoce como mi “visión”. ¿Cuál es mi propósito, en lo personal, como rabino? ¿A qué aspiro? ¿Qué espero lograr con mi tarea?Entiendo que toda persona tiene una meta en su vida. Hacia dónde quiere llegar. Qué es lo que quiere hacer. Dando un paso más adelante, quienes trabajamos y somos “responsables” de alguna manera de la gente, nos preguntamos qué es lo que queremos lograr con ellos. Se me ocurren varios ejemplos para graficar esta situación. El médico, responsable de la salud de sus pacientes, tiene como propósito educarlos para que puedan tener una vida saludable. El abogado, responsable legal de sus clientes, busca defenderlos en el marco de la ley. Y así, muchos ejemplos más. Si bien es una pregunta que, probablemente, nunca tenga una respuesta final, ya que permanentemente estamos permeables a lo que sucede a nuestro alrededor, y eso nos impacta de distinta manera, tener una visión clara de lo que buscamos nos permite saber qué camino tomar a la hora de trabajar.
Durante mucho tiempo, tenía una idea clara, pero me faltaban las palabras para poder expresar. Este año, la primera noche de Pesaj, me dio la palabra que tanto necesitaba: Transnacionalización del judaísmo.

Hace años que venimos hablando de la globalización. De que no hay fronteras. Nos podemos comunicar con cualquier parte del mundo con aparatos cada vez más pequeños. Nos sentimos cerca de quien está lejos. Familiares y amigos que viven en otro lado del planeta, con quienes hablábamos muy esporádicamente, podemos hacerlo ahora con mayor facilidad. Vernos, sentirnos cerca. Pregunto entonces: ¿Por qué no hacer que el judaísmo no tenga fronteras? ¿Qué es el judaísmo sino una forma de vivir? Por lo tanto, por qué no es posible hacer que el judío, como tal, se pueda sentir cómodo y “como en casa”, en cualquier parte del planeta en que se encuentre.

Este año, salí de Egipto. O al menos, comencé a ver más de cerca la libertad. Reunidos alrededor de nuestra mesa del Seder, éramos catorce personas. Cada uno con su historia. Todos viviendo en Córdoba, menos dos chicas que viven en Israel. Estaban de visita en nuestra ciudad, acompañando al hermano de una de ellas (también israelí), pero que está estudiando en la Universidad, aquí en nuestra ciudad. Cuatro personas oriundas de Tierra del Fuego, una de La Pampa, dos de Buenos Aires y una de Córdoba, pero que decidió acompañarnos en esta noche. Así, junto a mi esposa Brenda y a nuestra hija Sofía, dispusimos un hermoso Seder de Pesaj que compartimos hasta las tres de la madrugada.

Más allá de la duración, importa qué fue lo que sucedió en ese lapso. Ni más ni menos que un Seder de Pesaj. El mismo Seder que venimos haciendo desde hace siglos. El mismo que nuestros antepasados celebraron en los diferentes campos de concentración, en los días terribles de la Shoá. El mismo Seder que los marranos en España y América Latina, celebraron a escondidas, en tiempos de la inquisición. El mismo Seder que hoy, con el Estado de Israel, se celebra en aquellas tierras, en Estados Unidos, Canadá, Brasil, Francia, Suecia y Australia. Y en cualquier parte del planeta en donde haya judíos dispuestos a seguir construyendo y viviendo una vida judía.

Si le quitamos al judaísmo la experiencia, lo estaremos dejando sin una de sus partes fundamentales. ¿Cómo soy judío en un medio que no es habitualmente el mío? ¿De qué manera me desarrollo y comparto con otros judíos, las diferentes expresiones de la vida judía, sino a través de la experiencia? Aun sin entender profundamente cada una de las palabras de la Hagadá. Aun sin saber con exactitud el sentido de todos los pasos del Seder, sabemos vivir y movernos como judíos, cuando contamos con la experiencia de vivir como tal. Cuando el otro, que aparentemente es diferente, en un medio que no es el mío, hace lo mismo que hago yo; es decir, hacemos lo mismo, es porque algo nos une. Esas fronteras, finalmente caen. ¿Qué es lo que queda, cuando todo eso cae? Nuestra verdadera esencia judía.

Al salir de casa, los chicos de Israel me dijeron: “Gracias, nos hacernos sentir como en nuestra casa”. Y yo, para mis adentros, pensé: “Gracias, por permitir salir de Egipto”.

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*Para todos aquellos que aún no vieron el tradicional video de Pesaj de nuestro gran Coro Halevay, no dejen de hacerlo!

Esta vez el maror (la amargura) va a terminar….

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