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Todo un quemo…

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Comentario de Parashat Shemini, por el rabino Marcelo Polakoff, de la Kehilá de Córdoba, Argentina

Sheminí es una parashá que está prácticamente consagrada al tema de Kashrut, a la dieta judía.

Sin embargo, en términos de textos vinculados no a leyes sino a registros de historia humana, sagrada pero humana al fin, nos enfrentamos esta semana a dos muertes que se nos aparecen a todas luces sorpresivas, y por qué no, injustas.

¿Por qué tuvieron ese terrible final dos de los cuatro hijos de Aarón?.

El texto de la Torá en el libro de Levítico es muy parco al respecto. Tan sólo dice:

“Nadav y Abihú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, pusieron en ellos fuego, pusieron sobre él incienso y ofrecieron delante de Adonai un fuego extraño que El no les había mandado. Entonces salió fuego de la presencia de Adonai y los consumió. Y murieron delante de Adonai.” (Vaikrá 10:1-2).

Demasiado duro el castigo. Pareciera ser que a los rabinos del Talmud y del Midrash también les resultó excesivo, por lo que a tientas, y aferrados sencillamente a una mínima alusión –en algún caso- o a una letra de más o de menos –en otros-, se ufanaron por sonsacarle al texto de la Torá alguna mejor excusa que justificara tamaño desenlace.

Y de entre los varios textos rabínicos que describen cuáles fueron las acciones de los hijos mayores de Aarón que finalmente los condujeron a la muerte, seleccioné los siguientes.

No nos olvidemos antes de enunciarlos de que estamos hablando de grandes tzadikim que hacían gala de su linaje, por lo que el peso de sus transgresiones se veía incrementado.

Y más allá de justificar o no el castigo divino (tarea ímproba si las hay) lo que nos llama a bucear en dichas razones es saber apreciar cómo entendían nuestros jajamim lo que podríamos denominar “salirse de pista”.

Fíjense qué maravilla. Uno esperaría que los acusen de asesinato, de incesto, o al menos de malversación de fondos. Pero no. Nada más lejano a ello.

Están los que afirman que su yerro radicó en dictar la ley delante de su maestro Moshé, lo que podría leerse como una soberana soberbia, o una gran ausencia de humildad y modestia.

Otros piensan que su tragedia fue no casarse, y creer que así estarían “puros” para el servicio divino. Más papistas que el papa, diríamos en el barrio. Demasiado santos para nuestra forma de entender la vida.

Algunos muy astutos sostienen que estaban ansiosos por esperar la muerte de Moshé y de Aarón para hacerse de sus honores y privilegios. Desubicados, digamos.

Los más literales creen que trajeron su ofrenda sin que ésta les fuera solicitada. Un gesto de hipérbole innecesario.

Hay también quienes piensan que estaban pasados de copas, y así no se trata lo divino.

Pequeños temas, y enormes a la vez. Lo suficientemente cotidianos como para sentirlos cerca, para notarlos familiares.

Lo suficientemente propios como para entender que es muy bueno abrigarse al calor de nuestra tradición como para compartir la calidez de su sabiduría.

Y que es muy malo, con ella, incinerarse.

Shabat Shalom!
Rabino Marcelo Polakoff
Kehilá de Córdoba, Argentina

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