Ser parte de Manhiguim Tzeirim —que en hebreo significa Jóvenes Líderes— fue mucho más que participar en un programa o viajar a Israel. Fue un proceso largo y muy intenso, que empezó bastante antes del viaje y que, lo más importante, sigue hoy.
El programa reunió a 23 jóvenes de 7 países distintos, todos con historias, realidades y miradas muy diferentes, pero con algo en común: las ganas de aprender y generar un impacto en nuestras comunidades. Antes de viajar tuvimos encuentros y reuniones con especialistas, donde debatimos ideas, hablamos de liderazgo y empezamos a pensar qué podíamos hacer después. Durante el viaje, todo eso que habíamos trabajado tomó otra dimensión. Y al volver, en la etapa post viaje, llegó el desafío más grande: transformar la experiencia en algo concreto.
En Israel vivimos 7 días a puro aprendizaje y conexión. No fue solo conocer lugares, sino encontrarnos con personas, escuchar historias y entender realidades desde adentro. También se generó un vínculo muy fuerte con la gente de allá y con el grupo que viajaba conmigo. Compartir tantos momentos con jóvenes de distintos países hizo que la experiencia sea todavía más enriquecedora. Israel dejó de ser solo un destino y pasó a ser algo mucho más cercano.
Uno de los objetivos principales del programa era volver y crear un proyecto innovador y de impacto comunitario para la fase 3. En ese proceso empecé a pensar en la relación de los jóvenes de la comunidad en Córdoba con Israel. Sobre todo después del hecho trágico del 7 de octubre de 2023, sentí que esa conexión, en muchos casos, se fue perdiendo o quedó marcada por el miedo, la distancia o la desinformación.
Mi proyecto propone que los alumnos de la escuela tengan la posibilidad de viajar a Israel, pero con una mirada distinta. No se trata solo de turismo, sino de conocer los lugares y los programas que existen para después de terminar el secundario, y entender qué caminos pueden seguir. La idea es que el viaje sea parte de un proceso más amplio: antes, los participantes van a tener actividades para aprender y prepararse, y después del viaje van a tener un rol activo.
Quienes vuelvan van a ser los encargados de compartir la experiencia con los alumnos que viajen el año siguiente. De esta manera, el proyecto no termina en un solo grupo, sino que se convierte en algo continuo, donde cada experiencia deja algo para la siguiente. La idea es generar pertenencia, compromiso y una conexión más real con Israel.
Manhiguim Tzeirim me dejó muchas herramientas, pero sobre todo me hizo entender que liderar no es solo tener una idea, sino animarse a llevarla adelante. Hoy siento que el verdadero valor de la experiencia está en lo que hacemos al volver, y este proyecto es mi forma de transformar lo vivido en algo que impacte en otros.
Jeremias Saul – Córdoba, Argentina


No hay comentarios