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La verdad, las formas y los verdaderos contenidos

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Comentario de Parashat Reé, por el rabino Pablo Gabe, de la Kehilá de Córdoba, Argentina

La verdad, las formas y los verdaderos contenidos

A lo largo de toda la historia (aun hasta nuestros tiempos), un concepto ha sido motivo de disputa, guerra, conflicto, etc. El concepto de La Verdad. Cuál es la verdad acerca del tal o cual cosa. El derecho a un territorio u otro. Qué es lo que dice la ley acerca de las diferentes preguntas, que llevan a querer saber y descubrir cuál es La Verdad. Y la verdad, es que no sabemos cuál es la verdad. Es decir, podemos realizar conjeturas, discutir, pero en algunos aspectos, el concepto de verdad se torna relativo y al mismo tiempo, peligroso.
La lectura semanal de la Torá que leemos en este Shabat, contiene una serie de cosas interesantes. Entre ellas, una que nos dice así: “Cuando surgiere dentro de ti profeta o quien soñare sueños, y te ofreciere signo o prodigio diciendo vamos en pos de otros dioses y adorémoslos, no habrás de escuchar las palabras del profeta aquel, o aquel que soñare sueño, pues está sometiendo a prueba a Ad’ tu Dios”. (Deuteronomio 13:2-4).
Parecería como que Dios quiere prevenirnos de que sigamos a un falso profeta. En la época antigua, el profeta traía la palabra de Dios. Era el portador de la verdad absoluta, la verdad divina, y obviamente nadie iba a tratar de oponerse a su palabra. Sin embargo, luego del profeta Malají (Malaquías), se cierra la época profética en el pueblo de Israel. Por lo tanto se acabaron las verdades absolutas. O al menos, aquellas personas que en su palabra, son los dueños de la verdad.
Aunque parezca extraño, el ser humano se ve varias veces seducido por diferentes discursos de personas que a través del carisma, simpáticos aforismos, juegos de palabras que terminan siendo vacíos y sin sentido, logran captar la atención de la gente. La dominación del hombre hacia otros hombres no es solamente física y económica. Hay un tipo de dominación que es mucho más fuerte, y que es de tipo intelectual. “Qué bien que habla esta persona”, hemos escuchado en reiteradas oportunidades. Ahora, si nos preguntamos, no solo por lo bien que habla sino qué es lo que dijo, no siempre podemos responder con la misma certeza. Por lo tanto, la belleza del discurso, la rima y la poesía, no son garantía de un contenido. Es más, hay oportunidades que se usan los disfraces y las maneras agradables en el discurso, para decir cosas que al fin y al cabo, no son tan simpáticas.    
Lo que está bien para uno, puede no estarlo para otro, y ese desacuerdo va a ser válido, en tanto tengamos la sabiduría y la grandeza de respetar la otredad de nuestro interlocutor. Porque la firmeza en las palabras (y más aún en las ideas), se ver cuando dialogamos, y no tanto en los monólogos libres, sin interrupción. Por eso la Torá nos previene de los falsos profetas, porque nadie es el dueño de la verdad.
El texto bíblico nos habla a nosotros cuando nos dice: “Cuando surgiere en medio de ti un profeta”. Que no seamos tampoco nosotros profetas de la verdad. Que no pensemos que somos los únicos portadores de la única razón absoluta.
Y así cierra la Parashá en forma perfecta, cuando nos decía en un principio: “Mira, yo pongo frente a ustedes el bien y el mal”. Dice mirá, porque nos habla a cada uno de nosotros en forma individual. Porque el bien y el mal son valores relativos, y el valor que le asignemos va a ser personal.
Y es el deseo que con nuestra ignorancia sobre la verdad absoluta, podamos vivir en paz. Respetando la palabra del otro, haciendo respetar la nuestra. La Torá y todos nuestros textos, son textos. Deben ser estudiados a través de todos los contextos. Y entender que en cada uno de nosotros, hay un pretexto que nos lleva a leer, buscar, entender y llegar de a poco, a conocer cada día más.

Shabat Shalom!
Rabino Pablo Gabe
Kehilá de Córdoba, Argentina

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