Las aulas del Colegio Israelita General San Martín siempre se pueden transformar en un espacio lúdico donde el aprender sea divertido. Esto ocurrió en una de nuestras actividades educativas más recientes, donde los chicos y las chicas practicaron matemáticas.
El conocimiento cobró vida propia a través del juego. Fue una propuesta que desafió las estructuras tradicionales, en la que los estudiantes de 3.º y 6.º grado del nivel primario se convirtieron en los creadores de su propio aprendizaje.
Durante la jornada diseñaron, construyeron y elaboraron las reglas de diversos juegos matemáticos, con el propósito de compartirlos con toda la comunidad escolar.
¿Cómo plasmar en un tablero la abstracción de los números? ¿De qué manera la competencia se transforma en un lazo de unión? Estas preguntas guiaron un nuevo escenario educativo en nuestra escuela precursora.
El valor del aprendizaje compartido
Durante el desarrollo de esta innovadora propuesta, la escuela implementó el trabajo con grupos flexibles, rompiendo las barreras del aula común para dar paso al aprendizaje colaborativo.
Lo verdaderamente significativo ocurrió en el cruce de generaciones: los estudiantes de 6º asumieron el rol de tutores: acompañaron a los de 3º en las distintas instancias del proceso.
Esta interacción no sólo promovió el intercambio de estrategias lógicas, sino que potenció la comunicación matemática y el fortalecimiento de los saberes en un ambiente de mutua confianza.
Creatividad en cada tablero
La iniciativa representó un desafío de gran envergadura para los chicos.
No se trataba simplemente de replicar dinámicas conocidas, sino de inventar nuevos universos donde resolver un problema fuera la llave para avanzar.
El aula se inundó de tijeras, cartulinas, dados y, sobre todo, de discusiones apasionadas sobre la equidad de las reglas.
El proyecto permitió desarrollar la creatividad y el pensamiento crítico, a través del compromiso con el estudio desde la acción y el entusiasmo.
Un espacio para encontrarse
Más allá de las operaciones y el campo numérico, el proyecto brindó la valiosa oportunidad de generar un espacio de encuentro único entre los diferentes grados.
El juego, despojado de la mera distracción, se consolidó como una herramienta pedagógica fundamental para aprender, enseñar y compartir, demostrando que los lazos comunitarios también se construyen pensando en equipo.
Recorré la actividad gracias a este álbum de fotos:
















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